Nunca me deja, ella es la creadora de los pensamientos atroces,
la dadora de vida a la eterna melancolía.
La que me abre los ojos cuando creo todo perfecto,
la que me acaricia el rostro y seca mis lágrimas en aquel rincón de mi casa,
la que ha visto todo, la que me conoce en vastedad.
Ella es mi verdad, mi dama venerada;
la fría piel que recubre el cuerpo de la profundidad,
la inspiración de mis noches, la oscuridad de mi habitación.
Ella es la danzante de aquellas tonadas graves y macabras.
No la dejaré, no me dejará. Yo le escribo a ella, a mi hermosa soledad.
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